Este blog nació en su momento con intención de conformar un cúmulo de ideas, quizás un desahogo, quizás una arquitectura.

Dado su condición no se contestan los comentarios aunque si se agradecen, del mismo modo que se agradece a todos aquellos que siguen de una manera u otra las entradas. Si alguien está interesado en pornerse en contacto conmigo más allá de un comentario puede hacerlo a través de la siguiente direccion de correo electrónico: durangarciapedro@gmail.com



lunes, 6 de abril de 2020

Me resulta normal  que,
tras tantos años,
siga respirando bajo la luz doblada que entra a través del patio de vecinos.
Eso soy yo, algo que respira
Sacrificar los animales, verlos caer doblados bajo la luz doblada que se colaba tras cortinas de cuero, de cuero de animales que se en su día también fueron aquí sacrificados.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Estoy publicando como Pedro García, quizás sigo vivo

Cada tarde lo mismo  aparejar la burra y dejar que sus pasos llegaran hasta la fuente de la encinilla, donde mansas, las vacas esperaban y abrir la cancela y retornar los mismo pasos. Miguel lo decía, es más fácil llevar allá los cántaros  pero su padre no que había que traerlas.

martes, 6 de diciembre de 2016

Nunca olvidó a su hermana.

Vacilo a la hora de escoger una gambusia para los ajolotes, sin embargo no con los tenebrios.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Aquella noche jacinto, cubierto por la rabia, mató a aquella vaca. Su padre casi acaba con él.

Jacinto mira a un lado y a otro, nunca le gustó el campo, nunca se acostumbró a él, por eso aceptó el trabajo en el matadero, era forma de escapar de él, de acabar con él. siempre fue un niño atosigado por el ganado, era su venganza.
Hoy Biberkopf ha encontrado una pelota en la Manjoya. Se detuvo en el paseo que promedia las dos carreteras y allí se la lancé una y otra vez. Ya no es cachorro, ya es viejo y aunque corre animoso detrás de ella, cuando la alcanza se tumba y espera a que llegue por ella. El juego con los años han cambiado. Lanzo la pelota. el perro va detrás de ella y yo voy detrás de él.

Un hombre y una mujer se bañan en las costas del otra lado del Atlántico, 2007 bajo sus pies y sobre el agua. Después pasean por la arena y recogen conchas, no es una buena palabra allá, y encuentran vainas negras, una abiertas otras no, sin saber bien qué son guardan dos o tres. Tras doce mil kilómetros acaban pensando que son ootecas de sepias, lo creen así durante varios años, sin embargo un documental les saca de su error, huevo, huevos de tiburón, alguna especie de pintarroja. Son negros, secos, con un brillo mate y una forma elegante, posteriormente deciden pasar uno de llos a bronce. Esperan el resultado.

viernes, 21 de octubre de 2016

Y nos resulta anormal que alguien siga respirando, continuamente respirando.

sábado, 15 de octubre de 2016

Había sido una mujer tranquila.

Va talar todas las encinas, hacerlas leña y dejar sólo pasto y dice que si pudiera cambiar las aguas y pararlas, las pararía y anegaría toda la dehesa y que vendería al agua a todos nosotros y que  acabaría quedándose con lo nuestro pues somos avariciosos, avariciosos de agua.

Nos levantamos y seguimos como sin ver.

Y luego vimos y casi no vimos era tan decepcionante, parecía que no hubiera ocurrido nada y si hubiera ocurrido algo no fuera, quizás en otra parte y a otra gente, no a nosotros  ni cerca de nosotros. creímos que ver no servía de nada Y callamos y anduvimos callando mucho tiempo sin atrevernos si quiera a saludarnos por las calles.
- Este año no llegó a tiempo, casi nunca hay nada y con su falta si que no hubo nada.
- Calla. Calla continuamente como si no supiera hacer otra cosa.

La gitana

Y mientras lo decía sonreía maliciosa como alegrándose de la suerte del pobre animal.

Jacinto siempre despreció al Asaduras, siempre volteando mollejas, siempre entre vísceras, sin ni siquiera derramar sangre, siempre ahogado, siempre sólo, sin salir de él y ajeno a él.
Y Asaduras allí quedaba encerrado entre asaduras, siempre se retrasaba, los intestinos le llevaban demasiado tiempo y Asaduras, sin él saberlo era minucioso. Al terminar cerraba la puerta grande y sobre el macelo caía la noche negra que el ahogaba donde el Taranjo.